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La vuelta a navegar se hace más distante para los viajeros de cruceros. Hoy la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA) confirmó que el cese de operaciones de todas  las líneas de crucero que pertenecen a dicha asociación, se extenderá al menos hasta el 15 de septiembre.

Cruceros en puerto. Foto Gregorio Mayi.

Según la comunicación oficial de CLIA, todos los miembros de líneas de crucero de mar, acordaron extender voluntariamente la suspensión de viajes desde todos los puertos de Estados Unidos. “La actual Orden de No Navegar emitida por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) vencerá el 24 de julio, y aunque esperábamos que la actividad de cruceros pudiera reanudarse lo antes posible después de esa fecha, cada vez es más claro que será necesario más tiempo antes de volver a navegar”, dijeron.

 La asociación también indicó que confían que en el futuro los cruceros serán más saludables y seguros y reflejarán plenamente las últimas medidas de precaución para ayudar a garantizar los mejores intereses de los pasajeros y la tripulación.

Ya varias líneas de crucero han informado su plan de salud a bordo y han presentado el programa de medidas en lo que también será el “nuevo normal” de viajes en cruceros. Norwegian Cruise Line fue la primera línea que informó oficialmente el programa a agentes de viajes y a sus pasajeros.

Aunque todavía faltan detalles, el abarcador plan se enfocará en menos pasajeros, mantener distanciamiento social a bordo y un sofisticado sistema de chequeos de salud, con toma de temperatura varias veces al día, un proceso de embarque escalonado coordinado con las autoridades portuarias de cada lugar y el check in en línea, sin tener que hacerlo en el puerto, todas las soluciones con el mismo fin, de evitar aglomeración. Además, toda la tripulación se someterá a una evaluación exhaustiva antes del embarque y un monitoreo constante durante todo el viaje.

La situación de las líneas de cruceros es una de las más difíciles en la industria turística en general. Golpeados fuertemente por la pandemia del coronavirus COVID-19, con cientos de pasajeros y empleados enfermos con el coronavirus, las líneas de crucero están lidiando todavía con la logística de devolver a sus países de origen a más de 400,000 empleados que están en barcos sin poder llegar a sus hogares.

Aunque esta nueva pausa anunciada es hasta el 15 de septiembre, ya hay varios barcos que habían cancelado viajes y destinos específicos por toda la temporada del 2020, que se extiende en algunos casos hasta noviembre. Entre ellos se había confirmado que no se navegará por Alaska ni la ruta de Canadá-Nueva Inglaterra, esta última muy popular en el otoño y líneas como Disney Cruise Line, Royal Caribbean, Norwegian Cruise Line y otras, cancelaron completo su temporada por Europa en este año.

Empresas como  Cunard ya confirmaron que navegarán a partir de noviembre, y otras como Crystal Cruises y Holland America han cancelado algunos viajes entre octubre y noviembre.

Pero ya hay un ligero indicio de un panorama un poco más alentador, ya que líneas de barco como Hurtigruten reiniciaron operaciones limitadas con viajes locales en Noruega, y otras como Bahamas Paradise recibió autorización de los CDC para navegar.

Sin embargo no hay una varita mágica para que los principales ejecutivos de cruceros puedan confirmar con exactitud cuándo regresarán, menos ahora en que se teme un repunte del coronavirus en Estados Unidos, lo que impactaría no solo los cruceros sino todo tipo de viajes.

“Esta suspensión voluntaria aplica a todos los miembros de CLIA que estaban bajo la Orden de Prohibición de Navegación (buques con capacidad para transportar 250 personas o más). Las líneas de cruceros miembros de CLIA evaluarán continuamente la situación en evolución y determinarán si es necesaria una nueva extensión ”, explicó la asociación en su comunicación oficial.

CLIA suministró unos datos que avalan la situación tan crítica de la industria, indicando que cada día de la suspensión de las operaciones de cruceros en Estados Unidos representa una pérdida total de aproximadamente $ 110 millones en actividad económica y hasta 800 empleos estadounidenses.

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