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Imperios del Mediterráneo

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Richard Chamberlain fue el chef invitado en el Nieuw Amsterdam. Foto Gregorio Mayí.

Mi itinerario de “Imperios del Mediterráneo” a bordo del Nieuw Amsterdam, fue uno de destinos de ensueño.  Además de llevarme desde Venecia a Estambul, Kusadasi, Santorini, Mykonos, Katakolon y Atenas, me deparaba otra sorpresa, una joya casi secreta que descubrí pocos días antes de abordar:  El chef Richard Chamberlain era el invitado especial para compartir recetas en diferentes presentaciones en el Culinary Art Center. El ha viajado varias veces con Holland America empresa de la que dijo tiene el mejor programa de cocina a bordo.
Chamberlain resultó simpatiquísimo y los eventos que tenía a bordo fueron un rotundo éxito con lleno total. Pero si fascinados estaban los pasajeros, el famoso chef lo estaba aún más porque según dijo en estos destinos visitados se consiguen productos tan frescos y únicos que aumentan el placer de cocinar. Explicó que en Venecia es imperdible el mercado de mariscos para los amantes de la cocina, al igual que el de Atenas. De Estambul señaló el mercado de especies y el Gran Bazar donde dijo puede comprarse azafrán puro y llevarlo a casa, aunque destacó que es un producto costoso, pero que vale la pena. Una onza podría costar unos $200.
Al reconocido chef también le apasiona viajar. Foto Gregorio Mayí

El consultor gastronómico y dueño de los premiados restaurantes Chamberlain’s Steak and Chop House y Chamberlain’s Fish Market Grill, en su natal Texas, disfruta de viajar en familia, junto a su esposa e hijos. Ha escrito varios libros, entre ellos ‘The Healthy Beef Cookbook’ en alianza con la Asociación de Dietistas Americana y la “National Cattleman’s Beef Association”, y está fascinando ahora con el tema de la comida saludable, buscando confeccionar platillos con un buen balance en lo saludable sin sacrificar el sabor.
Aunque este no fue un itinerario específicamente gastronómico, porque no era considerado un crucero temático, con la presencia de Chamberlain Holland America sigue la tradición de llevar invitados reconocidos para compartir con los pasajeros que cada vez buscan más experiencias dentro de los barcos. Sin duda contar con el afamado chef fue uno de los “hits” del viaje.

Richard Charbelain en el Culinary Arts Center del Nieuw Amsterdam. Foto Gregorio Mayí.

Richard Chamberlain es un reconocido chef y de eso no hay dudas. Pero además es viajero empedernido y disfruta grandemente de combinar sus dos pasiones, la gastronomía y los viajes. Chamberlain que se confiesa fascinado por la comida de Holland America ha navegado en esos barcos en varias ocasiones, y tuvimos la suerte de coincidir con él en el Nieuw Amsterdam.
Para deleite de los pasajeros tuvo varias presentaciones gratuitas en el Culinary Art Center del barco, así como eventos especiales con costo
Foto Gregorio Mayí.

adicional.  Mira una de las recetas que preparó frente a los pasajeros:
Salmón con aioli de limón y azafrán
4 porciones de 6 onzas de filete de salmón, sin piel

  • 2 tazas de aceite de oliva extra virgen
  • 1 taza de mantequilla
  • 2 hojas de tomillo
  • 1 grano de vainilla, picada, con la pulpa removida
  • Jugo de limón de 3 limones
  • Sal de mar o “sea salt”
  • Pimienta negra fresca

Para el aioli de limón y azafrán

  • 2 dientes de ajo
  • ¾ cucharaditas de sal
  • 2 yemas de huevo grandes
  • 1 ½ cucharada de jugo de limón natural
  • Pizca de cayenne
  • ¾ taza aceite oliva
  • ¼ taza aceite de oliva extra virgen
  • De 2 cucharadas a ¼ taza agua
  • Pizca de azafrán

Calienta el agua y añade el azafrán. Luego mezcla los otros ingredientes y deja descansar por cinco minutos.

Foto Gregorio Mayí

Procedimiento
Se precalienta el horno a 225 grados Fahrenheit
Poner el aceite y la mantequilla en un sartén pequeño y calentarlo a una temperatura aproximada de 200 grados Farenheit
Añadir vainilla, tomillo, limón y los sazones. Dejar descansar por 5 minutos
Poner el salmón en una bandeja de hornear y echarle la mezcla de aceite. Cocinarlo por 15 minutos o hasta que el salmón esté listo. Remover cuidadosamente y echarle el aioli (salsa tipo mayonesa) de limón y azafrán.
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Foto Gregorio Mayí.

Te invito a disfrutar el nuevo video de Venecia que hemos puesto para llevarte una idea de cómo es un paseo por la llamada “Serenissima”. Hermosa, romántica, enigmática… así se presenta esta ciudad, y aunque la recorrimos caminando en algunas ocasiones, (en las áreas en que puede hacerse esto), no hay mejor manera de descubrirla que a través de sus canales.
Tú escoges como quieres transportarte en el agua. Las góndolas son la opción por excelencia, pero como son las más costosas (pueden ser hasta 90 euros por viaje), si no tienes el presupuesto o no encuentras otros viajeros con quien compartirla, puedes usar los económicos taxis acuáticos o vaporettos, donde incluso puedes comprar boletos múltiples para ahorrar mientras te desplazas de un lugar a otro. Ahora, si vas en el plano romántico, las góndolas son imperdibles. Te sentirás protagonista de una película
Aunque la ciudad ofrece muchísimo que ver, entre ellos la famosa Plaza San Marco y el Palacio Ducal, y las cercanas islas de Murano y Burano, deja tiempo en tu itinerario para un paseo acuático sin prisa, con toda la calma del mundo, y te aseguro que quedarás impactado con la belleza de los alrededores. Por supuesto, ten tu cámara lista y prepara todos tus sentidos.
Venecia fue nuestro puerto de embarque y desembarque del Nieuw Amsterdam, de Holland America, barco en el que hicimos la ruta de “Imperios del Mediterráneo”. El video fue tomado mientras nos trasladábamos del puerto a nuestro hotel Bonvecchiati Venezia, céntricamente localizado en el área del Rialto. El hotel escogido por Holland America resultó tener unas habitaciones palaciegas, con una única desventaja: ¡estuvimos solo unas horas en él! El itinerario, el barco, en fin, el viaje completo, es como para no olvidarlo. Además de verlo en esta página en la sección de videos, puedes verlo en nuestro canal de YouTube en http://www.youtube.com/watch?v=eLnbgJEaKLU&feature=player_embedded#at=24.

Foto Gregorio Mayí.

Con esta publicación culminamos la reseña de un viaje de ensueño por los Imperios del Mediterráneo en el Nieuw Amsterdam, de Holland America, donde vimos algunos de los destinos más bellos del planeta
Impregnados de energía luego de un itinerario espectacular, llegamos a Venecia nuestro puerto de desembarque. Como nos quedaríamos un día adicional, el desembarque fue alrededor de las 10 a.m. Luego de un suculento desayuno, bajamos a puerto donde nos esperaba personal de Holland para trasladarnos a nuestro hotel. Se hicieron cargo de las maletas y nos llevaron al taxi acuático que nos dejó en la zona del Rialto, una de las más bellas de la ciudad.
El trayecto del puerto al hotel era en sí mismo un paseo. Tremenda oportunidad para tomar videos y fotos en un recorrido de más de media hora en el que no queríamos sentarnos para aprovechar cada segundo y retratar.

El hotel Bonvecchiati Venezia escogido por Holland America, resultó comodísimo, con una amplia habitación, baño de lujo y a unos minutos de la Plaza San Marco. Fue un gran acierto pero no hubo mucho tiempo para disfrutarlo porque apenas nos registramos nos fuimos derechito a la Plaza San Marco para aprovechar que la marea no subió mucho ese día y caminar libremente. Un buen capucchino en el Café Florian y los violines de fondo no dejaban dudas que estábamos en el set de una película romántica. De fondo la Basílica de San Marco, el Palacio Ducal y los museos de la Plaza. ¡Un fin de fiesta de maravilla!

Entrada la tarde y toda la noche estuvimos en el área del Puente de Rialto, muy cerca del hotel también, donde hay docenas de restaurantes con ‘ofertas de turistas’ y puedes cenar una comida decente con aperitivos, platos principal y postre, con un par de cervezas o copas de vino por 50 euros. En la zona hay numerosas tiendas aunque cierran temprano, estaciones de góndolas y de vaporettos, estos últimos la vía de transporte más utilizada y económica. Ya en este viaje habíamos paseado en góndola, pero a los vaporettos tuvimos que dejarlos para la próxima visita, porque no había ni tiempo ni energía para más.

Con dos o tres horas de sueño solamente, esperamos a nuestro taxi acuático para ir a un recorrido de casi una hora al aeropuerto, que a las 3:00 a.m.  resultó un poco intimidante y nada romántico, contrario a lo que puede ser de día. Al llegar empezó la vuelta a la realidad, filas y filas, chequeos de seguridad y tres vuelos, uno de ellos de casi diez horas. Al llegar a casa, un cansancio impresionante pero también una sonrisa. ¡Un viaje inolvidable de principio a fin!

Foto Gregorio Mayí.

Esa era la impresión de sólo asomar la vista por el balcón de nuestra cabina. Estábamos en aguas de Santorini, y un “tender” o pequeño bote nos llevaría desde nuestro barco, el Nieuw Amsterdam hasta tierra firme. Estábamos haciendo el itinerario “Imperios del Mediterráneo”, con unos destinos fabulosos entre ellos Turquía y Grecia.
Esta isla griega parece de revista. Sabía que una vez en el muelle,  tendría tres opciones para subir hasta el pueblo: tomar un funicular, hacer una intensa caminata entre escaleras de piedra que duraba unos 40 minutos, o tomar un taxi, lo único que era un “burro-taxi”. Me decidí por el primero sólo para arrepentirme junto a otros viajeros que pensábamos que el funicular chocaría de frente con la altísima montaña.
Ya arriba el susto dio paso a la sorpresa. Qué belleza de lugar. Otra vez callecitas estrechas empedradas, pero esta vez entre cuestas y cuestas, y paisajes que embelesan y hacen difícil que sigas caminando porque quieres capturar con tu cámara tanta maravilla. Cielos azulísimos que se funden con el mar del mismo color y las casitas blancas, con techos azules. Lo único que se te ocurre pensar es que tienes que volver allí.
En la ciudad te encuentras iglesias, museos, restaurantes y galerías de arte.Y oh, Dios! De nuevo las tiendas con accesorios tan lindos y de gran calidad, que quisieras llevártelos todos. Desde vinos, aceites de oliva extraordinarios, hasta prendas, tienes para escoger. Pero parte del atractivo turístico también son los restaurantes, con puertas que parecen abiertas al océano y dan la sensación que con atravesarlas irás de lleno al paraíso. ¡Todo un espectáculo!
Sin poder olvidar la hora de regreso al barco, llegó el momento de bajar hasta el muelle y esta vez, con una fila de más de una hora para tomar el funicular, me decidí por la caminata entre piedras y burros, y un intenso calor. Estos enormes animales que parecen caballos tienen el derecho de paso ganado porque sí, así que tienes que salir del medio para que ellos sigan su camino.
Ya a mitad del trayecto y cuando las fuerzas empiezan a flaquear no hay remedio, más que disfrutarte el paisaje de los barcos anclados en el medio del mar y las casitas cuyos habitantes seguro sienten que tocan el cielo con las manos.
Al final del camino puedes tomarte una foto con un burro, (eso mismo hice), por unos cinco euros, y si quieres, tomarte una bebida refrescante en una de las tavernas del muelle. De vuelta al barco, un baño obligatorio antes de hacer más nada, porque el calor y el sudor no te dejan otra opción.